|
Cambios
Hay
Cosas en nuestra vida que no cambiarán jamás. Si somos altos, seremos siempre
altos. Si somos bajos, a pesar de nuestros tacos en realidad no podremos agregar
unos centímetros a nuestra estatura.
Hay
cosas en nuestra vida que pueden cambiar. Sea la casa en que vivimos o el
malhumor con que nos levantamos.
Hay
cosas en nuestra vida que no deben cambiar. Sea nuestra unidad familiar o el
amor a las causas nobles.
Hay
cosas en nuestras vidas que deben cambiar. Sea nuestra falta de instrucción, la
ronda de “amigos” o la melancolía.
Entre
otras cosas, debemos precisar con certeza, con la mayor claridad, esas que
debemos cambiar. Y luego, debemos cambiarlas.
Esto
es propio de una mentalidad positiva, creadora, vívida: estar dispuesto a
cambiar eso que se debe cambiar.
Para
dar este paso, no tienes más remedio que hacer un auto análisis.
En
todo hombre hay un miedo natural al cambio; porque hay miedo a lo desconocido.
Pero ese miedo a lo desconocido, a veces nos hace perder oportunidades preciosas
para nuestra vida.
Nosotros
no somos árboles, que debemos permanecer en un lugar para siempre, sin que se
espere nada más, ninguna otra cosa, de nosotros. Nosotros tenemos vida, una
vida en desarrollo, en cambio, en búsqueda.
Por
lo tanto, no tengas miedo a cambiar: si ves que será bueno para ti, no vaciles;
sea cambio de casa, de club, de estudios, de carácter. Nunca será demasiado
tarde para cambiar, si es bueno ese cambio.
No
persistas en la timorata conducta del dicho: “mejor lo malo conocido que lo
bueno por conocer”.
Uno
cree que nacio en un lugar, y ese lugar ya le está asignado para siempre.
Uno
cree que debe hacer lo que los demás hacen, y no se anima a dejar de hacerlo y
empezar a ser mirado por hacer otra cosa.
Uno
cree que empezó hace un tiempo un camino y aunque al final ha descubierto que
no es el mejor, debe seguirlo simplemente porque una vez lo empezó.
Uno
cree que tiene determinadas costumbres desde toda la existencia, y porque esas
costumbres son parte de la personalidad, son buenas y no hay porqué cambiarlas.
Uno
cree que su carácter “es así” y que no tiene cambio, o que no vale la pena
esforzarse para mejorarlo, porque ya los demás lo conocen y tanto ellos como
uno, se han adaptado a él.
Cada
día debe ser superior al de ayer por lo tanto, no debe ser igual al de ayer.
El
mejor cambio es el cambio que se va produciendo en el interior; un espíritu que
no cambia, se repliega, se estanca, empieza a oler mal.
Por
amor a nosotros mismos debemos cuidarnos, cultivarnos, atendernos bien,
prepararnos siempre lo mejor, desechar lo que no sirve, tomar lo bueno, iniciar
lo que promete.
Debemos
ir dejando atrás, día tras día, nuestro hombre viejo. El hombre feliz es
hombre vital. Esta satisfecho de sí mismo; pero siempre quiere algo más para sí
mismo.
La
vida es para ir subiendo, no para quedarse parado.
Para
hacer grandes cambios lo esencial no es pensar mucho, sino amar mucho. Y amarnos
mucho y bien.
|