Rotary Club de Villa Urquiza

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¿Cómo nació el lunfardo?


El 17 de agosto de 2010, a las 21 horas en nuestra sede, tuvimos como oradora a la Sra. Otilia Da Veiga

Por Otilia Da Veiga

Vicepresidenta de la Academia del Lunfardo

 

Ficha personal de la autora

Otilia Da Veiga

(1936). Poeta, escritora e investigadora nacida en Buenos Aires, Capital Federal. Ha sido  fundadora y presidenta de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal y Miembro de la C.D. de la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires. Académica de número de la Academia Porteña del Lunfardo, cuya vicepresidencia ocupa en la actualidad.  Historiadora, ensayista, es autora de letras de tango, y como conocedora de la jerga lunfarda la germanía del hampa porteño  también de no pocos versos de sentimiento y expresión lunfardescos. Su trabajo de investigación: «Escarceos con la lengua», ha sido ampliamente comentado y elogiado (Luis R. Furlan y Hugo Ditaranto, entre otros). Sus composiciones figuran en varias antologías. La poesía de Da Veiga, ya sea la de carácter lunfardo, o la compuesta en el más puro lenguaje castizo, aun abordando temas intimistas nunca deja de traslucir su preocupación social. «Parafraseando de Quevedo al lunfardo» es su único libro de poesías editado.

¿Cómo nació el lunfardo?

1.- Los italianos

 

¿Por donde comenzar a hablar del papel de la inmigración italiana en nuestro país? No es sencillo por varias razones que incluyen la diversidad social, cultural y lingüística de los arribados.

El primero en llegar al Rió de la Plata lo hizo muchísimo antes de la creación del Reino de Italia y por supuesto, de la aparición del lunfardo como habla popular.

El historiador Enrique de Gandia nos trae noticias de un navegante genovés, comerciante, que se llamo León Pancaldo, quien por razones que no viene ahora al caso comentar, estuvo con Mendoza en la primera y fallida fundación de Buenos Aires.

Algo presuntuoso el hombre, de vuelta a su lugar de origen, Savona, hizo grabar una inscripción sobre la puerta de su casa que decía: "lo sono León Pancaldo, savonese chi'l mondo tutto rivoltai a tondo". De ahí que podamos comprender de donde nos viene el síndrome de suficiencia que nos han endilgado.

Lo había escrito en su dialecto, alejado del latín, tal como lo hicieran en aquellos tiempos en sus escritos, Ariosto o Maquiavelo empleando la lengua vulgar.

Es que en el siglo XV Italia era un mosaico de ciudades y el Imperio Español hacia sentir allí su supremacía. Carlos V, era desde 1522, dueño de Nápoles, Milán, Cerdeña y Sicilia; por ello en tiempos de la Colonia, durante el virreinato, aquellas regiones respondían todavía a la Corona Española, por eso a estas orillas del Plata llegaron con los pioneros, apellidos como Belgrano, Castelli, Alberti, cuyos descendientes son muy caros a nuestra historia y nacionalidad.

En esos tiempos el patriotismo era la base del orgullo en que se inspiraba la potencial grandeza del país, afianzada en el concepto de patria-ciudad que se amoldaba bien a las condiciones geográficas y políticas del momento.

jSilencio, que al mundo asoma, la gran capital del sud!, decía el poeta Vicente López y Planes en exaltación de futuras prosperidades a concretarse en Argentina, país nuevo con recursos inagotables, con una situación geográfica, un clima privilegiados, y un campo abierto en los que podrían vivir felices millones de hombres. Así era la Argentina a mediados del siglo XIX. Contaba con apenas 1.000.000 de habitantes dispersos en alrededor de 1.400.000 Km2. Ante tal vacío demográfico, poblar era la urgencia.

 La mayoría de ellos llego en barco y en tercera clase. Tuve oportunidad de leer un aviso aparecido en Buenos Aires el sábado 24 de septiembre de 1910 en la publicación, "La patria degli Italiani" donde se anunciaba el servicio especial extra rápido (prometían realizar el viaje entre Europa Y el Rió de La Plata en 14 días) en el "Principesca Mafalda" a un costo de $100 pesos en tercera clase si el pasajero embarcaba en Barcelona y $113 si lo abordaba en Génova.

Podemos decir que durante el siglo XIX arribaron mas inmigrantes italianos de las provincias del norte y en el siglo XX llegaron mas desde las provincias del Sur. Calabria, Piamonte, Sicilia y Lombardia fueron las regiones que aportaron el mayor número de inmigrantes en 130 años. Eran campesinos en su gran mayoría, pero también llegaron empresarios, obreros calificados, comerciantes, profesionales, intelectuales, técnicos y artesanos.

Durante el gobierno de Rosas llegaron al país los genoveses, y aprovechando la brecha que había dejado libre la España monopólica se dedicaron a establecer los primeros contactos de tipo comercial.

La primera inmigración italiana jugó un papel preponderante al abrir caminos y espacios para los italianos que vendrían después.

Con pericia marinera navegaban los ríos desarrollando actividades conexas; la construcción de pequeñas embarcaciones, el aprovisionamiento de frutas y verduras, desarrollando una actividad que controlaron durante mucho tiempo. Baste recordar los grandes mercados abastecedores como el Mercado Acopiador Central, el Spinetto en Balvanera o el "Mercado de los Italianos" en San Cristóbal.

Del 15 al 17 de septiembre de 1869, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento se realiza el primer censo en la población.

La presencia italiana era muy fuerte en muchos ámbitos: en la Unión Industrial Argentina, en el Movimiento Anarquista, en la Federación Agraria, en los partidos políticos y en la Iglesia Católica.

Para 1871, el 87% de los italianos presentes en el país provenía del triangulo Piamonte- Lombardia- Liguria. Para 1887, parecía que toda la Argentina iba a convertirse en una Italia de ultramar puesto que ya constituían el 32% de la población de la ciudad y si a ello agregamos a los hijos de los italianos, censados a la fecha como argentinos, bien podría decirse, sin temor a exagerar, que la mitad de la población o algo mas, procedía de aquel origen.

Los ligures se afincaron, progresaron, formaron un pequeño barrio italiano en La Boca y después de la caída de Juan Manuel de Rosas se expandieron por los barrios de la ciudad y algunos de ellos, como Balvanera y San Cristóbal serian distritos no menos italianos que La Boca. Todas, barriadas laboriosas, nucleadas mayormente, en torno a la actividad portuaria.

La inmigración genovesa no fue más numerosa que la de otras regiones. Concentrados, como dijimos, en el barrio de La Boca a fines del siglo XIX hablaban el genovés que no era el mismo que hablaban en Génova las clases cultas, sino que manejaban el léxico de los marineros.

Así se fueron incorporando términos: primero, gastronómicos; tuco, chupín o faina o simplemente domésticos, como pishar o enchastrar.

Como era de suponer, los hijos de los inmigrantes pronto perdían la lengua de sus padres, se argentinizaban y llegado el momento no tenían empacho en casarse con personas de otro origen o de otras regiones del país. Pero pasemos a ver que paso con el idioma, con la previa aclaración de que una cosa es el idioma y otra el habla.

Todos los idiomas del mundo son mestizos y como tal el castellano en su variante porteña y popular, o sea el habla, recibió el sello de este dialecto traído por los navegantes de Liguria.

Tal vez resulte oportuno añadir que se llama dialecto a la variedad que asume una lengua en determinada región. Cuando se habla de los dialectos italianos se piensa principalmente en el genovés, el piamontés, el lombardo y el véneto.

En el repertorio léxico de esos dialectos se encuentra el origen de gran número de términos lunfardos.

Seria oportuno entonces recordar que es el lunfardo para la aventura lingüística de la vida diaria, sobre todo la del porteño que suele valerse de el para reemplazar con mas fuerza al termino castizo y académico, ya que no es lo mismo decir mina por mujer, ni guita por dinero, ni biaba por paliza.

Nadie podría hablar en lunfardo puesto que no es un idioma, y así lo fuera, habría que ser demasiado tonto para renunciar a un idioma como el castellano que además de bello nos permite la comunicación con más de 300 millones de hispanohablantes.

Llamamos lunfardo a un vocabulario con ciertos matices de energía y color que se apoya en la lengua madre; el castellano, de cuyos artículos, verbos y conjunciones debe valerse necesariamente.

Es más bien un aire insoslayable, un modo de expresión coloquial, apto para las confianzas de la amistad. ¿Quien no ha dicho alguna vez? refiriéndose a alguien que se fue sin aviso ¡Se tomo el olivo! O de quien no entendió alguna consigna decir: "Agarro para el lado de los tomates". ¿Quien alguna vez no ha dicho "tarro" por suerte o "revoque" por maquillaje?

El lunfardo es, como lo ha señalado Gobello, más hijo de la inmigración que de la cárcel. Si bien su nombre nos remite a la primera acepción; lombardo por ladrón, que nació como connotación despectiva hacia los de aquel origen, pues en Lombardia estaban los banqueros y prestamistas y es sabido que para el pueblo, prestamista y ladrón venían a ser una misma cosa.

De ahí la palabra lombardo, devenida en lumbardo y por deformación al ser oída y transmitida, derivó en lunfardo. A pesar de ese estigma, estuvo lejos de ser un habla secreta, como son las jergas carcelarias, inestables por obligación y si bien algunos términos podrían tener ese origen, puesto que delincuentes hubo siempre, en todas los sitios, aun en los insospechados, pronto abandonaron esas voces tal condición para entrar en la lengua coloquial de todas las categorías sociales, ingresar a los medios de comunicación y además atreverse a la aventura literaria.

Eso es precisamente lo que lo diferencia de los argots que acompañan a todos los idiomas y por ende, lo que lo torna llamativo para tantos estudiantes del mundo que vienen a esta Academia a estudiarlo para luego presentar las tesis en sus países de origen; Francia, EE.UU., Canadá, Alemania, Italia, Brasil etc...

El termino "lunfardo" se originó en las orillas ciudadanas, en nuestro entorno portuario, casi en el mismo caldo de cultivo que dio origen en España a la germanía, con una composición étnica y social comunes a las zonas portuarias.

El puerto de Buenos Aires estaba habitado por indígenas, negros mulatos, muchos indigentes, analfabetos, de los que en tiempos de Rosas habían compartido la antigua población criolla de las estancias, quienes sobrevivían con trabajos ocasionales en el mismo puerto, en los saladeros aledaños al Riachuelo y en el matadero que funcionaba en el actual Parque de los Patricios.

Estos gauchos, antecesores del compadrito, sumados al aluvión inmigratorio que fue a hacinarse en los conventillos, promovieron una forma de hablar que se hizo común a los vendedores ambulantes, los vigilantes, los integrantes de la baja clase media, en síntesis, gente del suburbio.

Jorge Luís Borges llamo al lunfardo "Tecnología de la furca y la ganzúa" acompañando el concepto elitista y excluyente que por entonces tenían en altos estamentos de la sociedad por tales expresiones y, porque al decir de Gobello, también cayo en el engaño en que había caído Benigno Baldomero Lugones, considerado uno de los primeros lunfardistas.

Benigno Baldomero Lugones era un escribiente del Departamento de Policía y solo le fue dado recoger los términos que andaban en boca de ladrones y rateros de poca monta con los que debía tratar por imposición de su trabajo:

Así registró angelito, otario, atorrar, bacán, biaba, bufoso, campana, chafo, encanado, escabio, escracho, guita, mina, mosqueta etc, palabras que también ingresaban al patio de los conventillos, a los lugares de trabajo y de esparcimiento, para engrosar el léxico de los inmigrantes quienes por desconocimiento de la lengua del país, en la urgencia por asimilarse al entorno, ponían en circulación palabras de ese léxico cercano y oportuno.

Hoy son voces corrientes que circulan en el habla popular de Buenos Aires, con la posibilidad de acceder al diccionario de la Lengua cuando su permanencia en el tiempo se lo habilite, como ha pasado con las palabras pibe, macana, banquina, y una veintena mas, ya que como reza el lema de nuestra Academia: "El pueblo agranda el idioma".

Queda claro entonces que el lunfardo no se formo en las cárceles ni tampoco en los prostíbulos -aún cuando aquellos hayan contribuido a enriquecerlo- sino que nació en el puerto del Riachuelo, y en todo caso se adecentó en el patio de los conventillos y en el seno de los hogares proletarios.

 

Artículos de interés

¿Cómo nació el lunfardo?

2.-

El Lunfardo

 

Se paseo entre las mesas de las fondas y bares

Se trepo a los pescantes de los carros y chatas

Pinto en los fileteados sus lemas, malabares

de una filosofía de lengüe y alpargatas

 

En la olla de los mishios cocinó los manjares

humildes del laburo y en las piezas baratas

adecentó su historia fatigados azares

de algún lance fulero del barrio de las latas

 

Lo conocí de piba; me copo su ternura

Al abrazo de un tango me enredo la cintura

y desde entonces sigo su rumbo cadenero

Entrador como pocos, sin pedirme permiso

al arruyo de un tango supo moverme el piso

al compás de los versos que cantaba Rivero

¿Cómo nació el lunfardo?

3.-

 

Dijimos que los inmigrantes, en su afán de integración además de incorporar los términos del lunfardo, hablaban una jerigonza que Alberto Vacarezza supo reflejar en sus sainetes y entremeses.

Un modo de expresión a la que se dio el nombre de cocoliche, ridiculizando la forma de hablar de un peón del circo de José Podestá que se apellidaba Cucolicchio, de habla tan enrevesada, que al actor Celestino Petray se le ocurrió imitarla con afán de comicidad. Era el resultado de la mezcla de español e italiano de los que creían que hablaban la castilla, como ellos mismos solían expresar.

Ocurre que pretendían ser criollos a toda costa, como el tano del que nos habla La  Pipistrela.  O como en "Los amores de Giacumina",  donde Ramón Romero, periodista entrerriano pone como firma 'lo sono el hicos dil duoño di la fundita dil pacarito.

A estas alturas, comprenderán que el lunfardo ya es un hecho lingüístico, cuya presencia en el habla popular de Buenos Aires esta documentada desde hace más de un siglo. Pero la gracia de aventura y picardía de esas palabras suele ser menoscabada por ciertos puristas, en tanto no obtengan el certificado de "cultas", tal el caso de "banquina" que le gano la delantera al castizo "arcén" al ser admitida en el diccionario de la Real Academia Española.

Otro ejemplo lo tenemos con la palabra macana, que siendo lunfarda, desde que ingreso en 1925 al diccionario de la RAE, ya no la emplea el pueblo; de ahí que su cotización haya subido de tal modo que hoy solo parece aplicable de ministro para arriba.

En 1953, José Gobello al que le deben todavía en nuestro país reconocimiento por su labor de lexicógrafo eminente, -no así en otros lugares del mundo-, supo despertar la curiosidad lingüística de los porteños con la publicación de "Lunfardía", destacándose en este quehacer de mostrar la lengua, que como se podrá apreciar, no siempre resulta de mala educación.

En aquel volumen aventuró etimologías fundadas en escasas fuentes de que se disponía; italianismos dialectales, argóticos, germanescos y gitanos en el convencimiento de que el lunfardo era menos hijo de la cárcel que de la inmigración.

Con esta premisa nació la Academia Porteña del Lunfardo el 21 de diciembre de 1962. "Algunos lo tomaron como una aventura literaria pero la gente de mas aguda percepción no incurrió, por suerte, en falsas interpretaciones, por lo cual fue fácil ocupar los sillones académicos".

El lunfardo fue el lenguaje de los inmigrantes; se engendro empalmando los sufrimientos de la escasez cuando no de la miseria y andando el tiempo salio del arrabal para incorporarse al lenguaje del pueblo rioplatense.

¿Cómo nació el lunfardo?

4.-

 

Emparentado con el tango, que dicen los que saben, es un producto del Rió de la Plata, más específicamente de cuatro ciudades portuarias y porteñas: Buenos Aires, Rosario, La Plata y Montevideo, comparte con el lunfardo, por ser música y baile de los arrabales el mismo origen.

En las primeras décadas del siglo XX, los compadritos, cafishios y canfinfleros devenidos en improvisados poetas le adosaban letrillas zafadas, obscenas, a la música que se tocaba en los prostíbulos, lo que llamaríamos prototango, mas ligado a la habanera y a los tangos españoles; "Que polvo con tanto viento" o "Bartolo tenia una flauta" que luego fue "Andate a la Recoleta", como los de la de Nápoles. Hagamos una lista: Bardi, Cobian (Bianco al reves) De Caro, Delfino, Firpo. Mafia, Blasco, Spatola, Vardaro ..

Desde luego hay mas nombres: Salvador Fracassi y Elmérico Fracassi, Bolognini, Del Ciopo, Galvani, Giribone, Vicente Scaramuzza, maestro de Orlando Goñi, Lucio Demare, excelentes pianistas tangueros, como Alfredo Bevilacqua o Carlos Di Sarli... Oir a Firpo es oir "El trovador" de Rigoletto.

El padre de Julio De Caro había sido profesor en el conservatorio de Milán y el padre de Discépolo, Santo Discépolo había sido profesor del Conservatorio Real de Nápoles. Hagamos una lista: Bardi, Cobian (Bianco al rev6s) De Caro, Delfino, Firpo, Mafia, Blasco, Spatola, Vardaro...

Son muchas las estrellas del tango y del lunfardo de origen italiano, Entre los cantores, músicos y poetas, rescato de una enorme lista a los de la primera generación; Ignacio Corsini, Agustín Magaldi, Azucena Maizani, María Sofía Isabel Bergero, llamada (la Negra Bozán), Mercedes Simone y andando el tiempo a Alberto Marinaro conocido como Alberto Marino; Remo Recagno que no era otro que Alberto Moran; José Ángel Lomio mas conocido por Angelito Vargas, el tano Florentino; Carlos Marcucci iniciando la genealogía del bandoneón con Gabriel Clausi o Aníbal Troilo. Y los violines de Roccatagliata, de Cayetano Puglisi y de tantos otros...

Quedan muchos, muchos sin nombrar pero la lista es interminable y nos amaneceríamos en afán de cumplir nuestro propósito.

La década del 40 marca la época dorada con las grandes orquestas; Osvaldo Fresedo, Ángel D'Agostino, Miguel Calo, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Atilio Stampone, junto a tantos letristas y poetas de vuelo literario cual Julián Centeya (Amleto Vergiati), Nicolás Olivari, Silverio Manco, Eduardo Giorlandini... que agregaron italianismos a la naciente poética lunfardesca como pibe, chau, fiaca, laburo, escabio, chitrulo, morfi, pichicata, apoliyar, amurar, yeta, cazote, y ¡tantas otras!

Pero no puedo concluir este anémico y sobrevolado panorama de reconocimiento al enorme aporte itálico sin mencionar a La Guardia Vieja con Genaro Spósito, Juan Maglio "Pacho" o Francisco Canaro como lo registra la historia.

Y así, como quien cuelga sus prendas en la soga de la ropa, con la misma abigarrada mezcolanza de un patio de conventillo, expuse ante ustedes mis recordatorios sin pretensión de especialista, encomendada a la benevolencia del auditorio, pero recordándoles que intenciones también son amores.

 

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Última modificación: sábado, 10 de septiembre de 2011

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