Rotary Club de Villa Urquiza

PRENSA ROTARIA del Rotary Club de Villa Urquiza

Buenos Aires - Argentina - Distrito 4890 - Rotary International
Fundado el 19 de marzo de 1956. 

Reuniones: Martes 21:30 Hs. en Bucarelli 2583    Página de inicio

Villa Urquiza
 

 
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Cuarto Encuentro Literario 2ª parte


"Por una Sociedad más Solidaría"

 

Especialidad:  Cuento

 

 

Distinguido

Primera Categoría

  •  Primer Premio

Titulo: El desfile de la vida

Autor: Estefanía Baldi, Tatiana Belén Singer

Colegio: Tomás Devoto 2do. Año

El subte emprendió su marcha ‘’como todos los días’’. La estación Federico Lacroze estaba colmada de gente ‘’como todos los días’’. Tenía que llegar a Carlos Pelegrini en menos de treinta minutos, creo que la velocidad arrolladora del subte lograría atravesar la avenida Corrientes y esas nueve estaciones casi sin darme cuenta ‘’como todos los días’’, ya sea sumergida en mi libro o en mis pensamientos.

Pero ese día en particular algo hizo que nada ni nadie me fuera indiferente; bastó con girar mi cabeza y mirar por la ventanilla en esa primera estación en la que el subte se detuvo. No lo podía creer, si apenas tenían ocho o nueve años y ya estaban, por decirlo de alguna manera, trabajando, casi sin abrigo, de sus zapatillas se asomaban esos fríos deditos sucios de tanto andar. Eran niños , niños que en lugar de estar en la escuela o en sus casas abrigados por el calor que solo un hogar puede darles, estaban haciendo lo que sus padre no hacen o si bien, de alguna manera lo realizan, no les alcanza para vivir dignamente.

Algunos vendías curitas, otros lapiceras, y los más pequeños estampitas a cambio de una moneda.

En ese momento pensé y me cuestioné, qué puedo hacer para ayudar. Será que cada uno vive absorbido en su propio mundo y le cuesta tanto mirar a su alrededor. No me perdono hacer todos los días el mismo viaje y no haber reparado en todo lo que me rodea, lo que nos rodea.

Las estaciones se seguían sucediendo a una velocidad a la que yo me oponía. Ahora estaba ya en Medrano. Me hubiese gustado detener el subte, decirle al maquinista y a todos los que ese momento me rodeaban... Basta, no se puede vivir siempre ‘’como todos los días. Leyendo el diario, algunos, otros durmiendo y el resto con la mirada perdida hacia no se donde, pensando en el sueldo que no se cobra, en la madre  que necesite medicamentos que la obra social no cubre, en el estomago vacío de un desayuno rápido y liviano para que alcance el resto de la semana. El mendigo acurrucado en un rincón con la mano extendida, sin hablar, apenas murmurando, pero en sus ojos se reflejaba ese grito ensordecedor que decía... por favor, aquí estoy, llegué hasta aquí porque la indiferencia de un sociedad injusta y egoísta se niega a verme, pero existo soy real y necesito que me ayudes, estoy solo.

Entonces pensé, en cuánta gente está sola, gente sin empleo, gente con trabajo, pero que sus sueldos llegan a cubrir sus necesidades hasta el quince de cada mes.

Solidaridad, esa palabra de tan solo once letras, repentinamente apareció en mi mente. Pensé que no sería fácil convocar a todos los que están a mi alrededor a una campaña solidaria, pero sí sería importante estar dispuesta a compartir ese dolor que muchos cargan en sus espaldas.

Pero el subte no conoce de sentimientos y avanza por esas vías por debajo del cemento, como escapándose y ocultándose de la realidad que lo pisotea diariamente.

Ya estábamos en Uruguay, una estación más y llegaba a mi destino. Que poco tiempo tenía, pensar que al subir deseaba llegar y treinta minutos y ahora no quería bajar.

       Sólo un pensamiento y una propuesta me convencieron de que este viaje no había sido uno más, mi consigna de ahora en más no va a ser como la de’’todos los días’’, todo lo contrario, a partir de este día, algo tiene que cambiar, porque no puedo quedarme con los brazos cruzados, tengo que ofrecer mi corazón. Y me dije: se terminó, la indiferencia te está alejando de una realidad que nos concierne a todos, no podes vivir tu propio mundo como si nada ocurriese frente a tus narices. El pobre luchando por su pobreza, el que tiene mucho, luchando por conseguir un poco más, los chicos de la calle, esos chicos desamparados, esos jóvenes que quizá por desesperación o por falta de contención no encontraron el camino o que si bien lo encontraron, lo vieron complicado, y prefirieron vivir a la deriva.

No sé cuál será la manera pero sí sé que no hay que cerrar los ojos, que algo tengo que hacer. Todos los días recorro estas nueve estaciones y en ellas desfilan todos los modelos de esta sociedad, no se trata de tener un carteles colgado que digan Amigo, aquí estoy, quiero decirte que no estás solo, sino de cooperar cada uno desde su lugar, un poquito, una migaja. Pareciera que no importara, pero sí importa, y mucho, porque en una sociedad indiferente no hay nada más importante que tener los ojos bien abiertos para, primero, aprender a mirarnos por dentro, y luego a los que tenemos a nuestros alrededores.

Carlos Pellegrini, última estación en mi recorrido, la gente desciende del subte y continúa con su vida  pero yo me siento distinta, algo dentro mío ahora es diferente, si yo pude darme cuenta, también vas a poder vos, nada es imposible, jamás se llega la cima sin antes haber tropezado, acuérdate, detrás de un línea de llegada hay una línea de partida, después de cada logro aparece un nuevo desafío, mientras estés vivo, siéntete vivo... pero nunca te detengas.

Sumario

Distinguido

Segunda  Categoría

  • Primer Premio

Título: Aroma a rosas

Autor: Martín Siracusa

Colegio: Sain Jean 4to. Año

 

Me distrajo un rato el sonido de las campanas de la vieja iglesia, cuando fui por mi abrigo y mis llaves. Llevé mi sobretodo negro a la tintorería y tan solo tenía a mano un saco marrón. No me desagrada y el pronóstico del clima anunció una temperatura bajísima. Lo tomé y abrí la puerta de mi departamento. Antes de salir recordé que debía alimentar a mi gato, como cada mañana, pero no le di importancia.

Bajé las escaleras y empecé a buscar.

En cuanto salí a la calle un joven mal educado me atropelló andando en su patineta. Miró hacia atrás con un gesto algo agresivo y algo preocupado, pero no pidió disculpas ni frenó para ver si me había herido, o para ayudarme a recoger mis cosas. Entonces supe que no la iba a encontrar si lo seguía. Pero me dio curiosidad y caminé tras él una o dos cuadras. En esos doscientos metros golpeó a varias personas que le devolvieron la gentileza con un par de insultos cada uno. Menos un señor que casi

galopaba sobre sus zapatos de oficinista fracasado; esos que hacen un llamado, llenan un formulario, toman dos cafés y vuelven a empezar la rutina aunque están cansados de ella. Pero de ella viven. De ella sueñan y con ella crecen y evolucionan su carácter.

Parecía un hombre bastante solitario, lleno de resentimientos que no iba a hacer explotar pero explotarían algún día. Lleno de enojo tal vez por la traición de su mujer con su mejor amigo. Pero que hoy no explotaría. Hoy no. Y yo sólo necesitaba de un pequeño “hoy”.

Lo seguí hasta su lugar de trabajo. Una oficina muy relajada con plantas y artículos baratos de librería. Saludó a su secretaria, a sus compañeros y sólo le tomó unos minutos mantener dos discusiones telefónicas. Posiblemente con una compradora, o una dulce monja de nostálgicos años de servir a alguien que no le responde, sino con hechos que en realidad no general, pues sólo deja vivir. Entonces salió luego a llevar unos papeles al banco.

Bajé con él pero apenas salió supe que no estaría allí, que en ese hombre no la encontraría.

Necesitaba una excusa. No importaba cuan pequeña, sólo una. Es posible que el momento hubiese llegado y que por fin mi amo debía bajar su dedo en contra de los hombres. Tal vez ya era tiempo...

En ese momento pasó a mi lado una mujer de carácter, con sus valores bien puestos. Y con ella su jefe, un don Juan poderoso que le susurraba cosas al oído. Ella sonrió un segundo y por eso me quedé a observar lo que sucedería. Entraron a su despacho y coquetearon unos momentos. Podría haber sido la oportunidad, sin embargo él seguramente estaba casado o ella lo perseguiría por su dinero cuando le diera un espacio. Me di cuenta de que realmente las primeras impresiones engañan si no se mira más allá. No tenía en verdad tiempo para perder, pero esperé unos minutos más.

Las cosas se encuentran en los lugares más remotos donde uno jamás busca hasta que lo da por perdido. Así es el destino. Así es nuestro enemigo. Así nuestro mentor. Escuché un par de llamados plagados de corrupción, traición y despojo. Ahora sí estaba yo seguro de que en ese edificio no encontraría nada.

Ahora sí sentí realmente que la hora se acercaba. No tendrían la redención.

Caería la noche y me encontraba solo en un parque enorme de un barrio que ya ni conocía, y era mío. Arboles de cedro y una bandada de calandrias de dulce cantar hacían sonar al vendaval como una melodía tierna, de suave sabor. El color de la tarde se tornó cálido por la paz y hermosura que reflejaban las aguas tranquilas de movimientos circulares y continuos. Casi rítmicos.

Pero es extraño describir así una belleza divina que no volverá a renacer sino en miles de año luego de esta noche. Lo he visto tantas veces que no comprendo ya el significado de tanta locura. Tanto tiempo entre desiertos y casi sin residuos de lo anterior, y con una sola luz en los pedregosos caminos regalada por las estrellas que se posan en el firmamento. Dulce regalo de los dioses para los hombres y no saben respirarlo.

Caminé por los verdes pastos y a mi lado descubrí un rosal. Corté una flor. Rosa blanca de suave aroma que con sus espinas lastima pero no duele.

Mas allá, cruzando la calle, gente que entiende el significado de ayudar. Gente que sacrifica sus ratos libres para entregar una moneda, curar un enfermo, enseñar un secreto, cuidar un anciano o simplemente pedir perdón. Sé que la hay, pero ha pasado tod un día y no he visto signos de esa pureza.

Entonces solté la rosa blanca que llevaba en mi mano y me dirigí a esperar el ocaso.

Pero un segundo después, un niño de ojos color miel me alcanzó la flor blanca diciéndome que se me había caído. Simplemente un detalle.

Comprendí.  Yo no fui capaz de decirle a mi amo, noche de las noches, muerte de la muerte, temor de los temidos, quedestruya un mundo y tan solo por un estúpido detalle. El tiempo es oro para ellos. Un día más tendrán entonces.  

 

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Última modificación: sábado, 10 de septiembre de 2011

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