En nuestra condición de
Padres, no creemos que alguna
vez, alguien nos dijera: ¡Oh, Padres míos! ; Tráeme
a este mundo, tan hermoso, y maravilloso que ustedes
habitan.
¡Pero, no! ; eso no sucede, y es imposible que así ocurra,
¿todo lo contrario?. Un buen día y en un acto de amor,
decidimos proyectarlo a este mundo de Dios, ¡sin siquiera pedirle permiso!
.
Motivo por el cual, en la situación de ¡Padres anfitriones!
Tenemos la obligación de recibirlos en nuestro "Mundo hogar", y
guiarlos, mostrándole la verdad, para que ellos puedan subsistir, lo
mejor posible, en una humanidad cada vez más difícil.
Por tal razón, este inmenso amor, que se plasma en un hijo, día
tras día, año tras año, se fortalece en satisfacciones, que a diario
se suceden, una tras otra, ya que los exitos de ellos, son
nuestros mayores logros.
Por otra parte, los que lloran: son ellos, los que ríen: son ellos,
los que caminan: son ellos, los que leen y escriben: son ellos, los
que aman: son ellos, los que triunfan: son ellos, los que destilan
alegría y humildad: son ellos, nosotros los "Padres", tenemos la
obligación de ser sus guías, ¡y no, sus corazas!. Ya que en un
momento determinado; ¡se rompen!. Y luego aparece; un importante
desnudo, débil e impotente.
"Muy difícil de superar".
En lo que respeta a nuestro deber de padres, en este caso
miembros de una comunidad "rotaria", y en la mayor parte con
principios, moral cristianos, sirvamos como fuente de enseñanza, hacia
nuestros hijos, guiándolos en el amor a Dios, y el correspondiente
respeto por los seres humanos, para que un día no tengamos que
decir: ¡En qué me equivoque! .