Llega
un paisano al bar del pueblo y deja atada a un árbol a la perra que traía con
él. Al instante una jauría de perros armó un despelote de novela tratando de
conquistar a la perra.
Al
ver lo que sucedía, un policía entra al bar y pregunta de quién es la perra,
a lo que el paisano -que se estaba agarrando una curda de aquellas- responde que
es de él.
El
policía le explica que la perra está alzada, a lo que el paisano responde que
no puede ser porque él la dejó en el suelo.
Tratando
de ser más claro, el cana le dice que la perra está en celo y el curda le
contesta que no es así porque él nunca le dio motivo para que esté celosa.
Armándose
de paciencia el policía le dice que la perra está caliente, pero el paisano
dice que no porque él la dejó en la sombra.
Finalmente,
cansado de tratar de hacerle entender la situación, el cana le
dice: ¡Oiga, su perra quiere tener relaciones sexuales...!, a lo que el paisano
responde: ¡Déle agente... déle nomás..., que en casa siempre quisimos tener
un perro policía!