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Palabras
de Alfonso Di Menna el día de su ingreso al Club, 20 de mayo de 1960
Amigos
Rotarios e invitados
De
acuerdo a la práctica reglamentaria, me corresponde a mí, en el día de
hoy, exponer mi pensamiento con respecto a mi profesión. Ante todo pido
disculpa al hacerlo, porqué realmente no tengo facilidad de palabras ni de
dotes de oratoria.
En
esta exposición sucinta, concretaré el origen y el desenvolvimiento de mis
actividades, realizadas con verdadera pasión, superando las dificultades en
cada una de las jornadas de prueba. Deseo que todo esto me haga digno de
llamarme un buen soldado disciplinado.
Desde
mi infancia estuve vinculado al arte de la construcción, acompañando a mi
padre en todas las actividades afines.
Con
posterioridad y acorde con mi anhelo de superación, terminado el ciclo
primario, ingrese en la escuela industrial de la calle Medrano y Lavalle.
Con acción creciente, coroné después de ocho años los estudios de dibujo
Arquitectónico, Construcciones, Hormigón Armado, Obras Sanitarias y
Operador Topógrafo.
Con
este bagaje de conocimientos empecé la lucha, aunando la práctica con la
teoría. Así pude hallar la razón de todo lo que se ejecutaba en el arte
de construir.
Todo
esto, no es sino la harmonización de una serie de problemas cuyo resultado
final es la terminación de una obra.
La
satisfacción más grande que da su contemplación, es ver como esa casa
habitación, cómoda, sólida, servirá de alegre albergue a familias ya
constituidas o que comienzan su trayectoria.
Otras
de las satisfacciones, son haberla podido realizar a bajo precio, a fin de
que no se nos evada de nuestra posibilidades.
En
toda mi actuación, va el cariño con que lo realizo, si bien es cierto que
su ejecución no nos exime de sinsabores, en el diario y abrumado vivir.
Al
hacer un paréntesis, me entrego un poco a la reflexión, sacando como
conclusión, que con mi modesto esfuerzo, dejo en pié mi acción, mis
luchas, mis alegrías, mis amarguras, mis triunfos y también a veces, mi
derrota.
Este
es el aporte de mi modesto grano de arena, en bien de mis semejantes. Será
esa vivienda la que acoja al que llega a la vida, como también al cansado
peregrino, que busca un lugar en esta tierra donde reposar sus últimas
energías.
Interpreto
así, que la vida habrá pasado para mí, sin egoísmo, dando y sembrando lo
mejor que pude.
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