Cuando un
grupo de amigos no enrolados en
ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una
emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los
dos bandos.
Generalmente
dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de
ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros.
Se supone
que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando
para el final los troncos.
Pocos han
reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está
esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la
vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo
rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el
grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su
decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel
Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus
decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un
principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico,
que le hacían preferir compañeros que reunían... ciertas
cualidades.
Pero un día
comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más
queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su
corazón, aunque no fueran los más capaces.
El
criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico:
uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán,
lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán.
Un equipo
de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es,
más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los
extraños o los indeseables.
Alejandro
Dolina
El
19-12-2001, a la tarde, el día de los saqueos, entre al bar
“Fundación”, estaban colocando en las mesas el escrito de Dolina,
al leerlo pense que no estaba todo perdido en nuestro país, que hay
esperanza, a pesar del malo momento que sEl
19-12-2001, a la tarde, el día de los saqueos, entre al bar
“Fundación”, estaban colocando en las mesas el escrito de Dolina,
al leerlo pense que no estaba todo perdido en nuestro país, que hay
esperanza, a pesar del malo momento que se
estaba
pasando.
Cuando a Alejandro Dolina, le
comente de nuestra revista, de la Amistad en Rotary, y que la publicaría,
cosa que accedió con mucho gusto.