Ética y Rotary
Por
el EGD LUCIO H. ARIAS Distrito 4680 (Pcia. de Mendoza y San Juan, Argentina)
“Parte
de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”.
Más
bien que la ciencia de la moral, es la ciencia de los principios de la moral, o
de los actos humanos, libres, morales – que son actos de significación
equivalente.
Los
actos libres son la materia de la ética, pero su objetivo formal es el orden
que ha de presidir estos actos.
La
ética estudia, no los actos y las costumbres como son en sí – ni siquiera
las leyes de hecho (sociología) – sino lo que deben ser en relación con el
ideal de perfección humana o el orden moral, cuya existencia hace que los actos
humanos sean buenos o malos, justos o injustos.
Si
no hubiera diferencia entre el bien y el mal, si no hubiese un principio de
distinción, quedaría suprimida la cualidad moral de la vida humana.
Y
si la moral es aquello que no concierne al orden jurídico sino al fuero interno
o al respeto humano, ésta – la ética – es una ciencia que trata del bien
en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o a su malicia.
Resumiendo:
descansa en postulados psicológicos y metafísicos:
1°:
La naturaleza racional y libre del hombre.
2°:
La existencia de Dios, principio y supremo legislador del orden moral, pues
aunque el hombre tiene su propia conciencia, las leyes morales, la ley y el
orden no subsisten sin un legislador y una causa universal del orden.
3°:
La existencia de un orden moral que hace que los actos de los hombres sean
buenos o malos, justos o injustos.
En
su libro “Crecieron Juntos”, un gran amigo rotario chileno, D. Mario
Contreras Rojas, cita un cuento del escritor César Guzmán, de su obra
“Superación”, donde relata que un hombre que caminaba por la calle muy
oscura vio venir, a lo lejos, a otro con un farol encendido en la mano. Cuando
pasó a su lado pudo ver que el hombre caminaba con los ojos cerrados y le
pareció que era ciego, regresó y le preguntó:
-
Amigo: ¿es usted ciego?
-
Sí señor, lo soy. Contestó el otro.
-
Entonces... ¿Para qué lleva usted esa luz si no puede ver?
-
Para que la gente no tropiece conmigo, contestó el no vidente...
Así
pienso que los principios morales o espirituales son luces que llevan a los
hombres, en su tránsito por esta vida, para no constituirse en obstáculos en
el camino de los demás. Esos millones de luces permiten una convivencia entre
los seres humanos.
Las
normas morales enjuician la conducta a través de los valores supremos hacia los
cuales debe orientarse la vida humana.
Estos
principios están dirigidos a la parte interna del individuo, a su espíritu, y
en una parte importante están condicionados por el medio social en el que cada
hombre se desenvuelve.
En
todo el mundo no rigen los mismos cánones morales, ni las costumbres son
semejantes, pero los valores espirituales constituyen el motor del progreso
mensurable de la humanidad.
Las
instituciones nacen como consecuencia de las ideas creadoras de los hombres
libres, que las conciben para que el ser humano pueda dar curso a todas sus
inquietudes y necesidades, conscientes de los enfrentamientos de la sociedad.
El
sentido de la historia es la lucha, a favor de sistemas de vida en los que el
espíritu puede fijar el rumbo de la cosa pública en igualdad de oportunidades
y derechos para todos y en el ancho escenario de la libertad, basada en una
vocación de justicia.
Hay
un pasaje en La Biblia (Pentateuco) que dice: ...” y elegirás tu vida, para
que vivas tú y tú descendencia”, que constituye una sabia advertencia sobre
el destino del hombre y de un pueblo.
Naturalmente,
el bien y el mal están presentes en la naturaleza humana.
Se
elige la vida, se elige un destino. No hay alternativa. La vida que uno quiere
vivir, la existencia que uno se quiere dar. Es una elección en lo personal,
pero también elección en lo colectivo cuando se trata del destino de un pueblo
y de la humanidad.
Por
supuesto, se deduce de la Sabia Escritura que se habla de elegir una sola vida:
paz, confraternidad, amor, justicia.
Ello
puede ser considerado como comienzo de un proceso que hace de la espiritualidad
el centro de todo un cambio en el mundo antiguo que tendrá importantísimas
consecuencias en el devenir humano.
Una
nueva esperanza se encendía en los corazones. No sólo una nueva manera de
comunidad, sino un nuevo tipo de hombre en la Historia.
El
cristianismo, cuyas esencias tienen su origen en el Antiguo Testamento y que
recoge el Evangelio, expande, primero a través de su prédica de Jesús de
Nazaret la tierra donde nació, luego en Judea, y después por los Apóstoles
por todo el vasto imperio grecorromano y el mundo de entonces, aquellas ideas y
principios que "contiene la voz dulce del Señor”; esa luz que Nerón ni
sus émulos, ni la violencia y la opresión pudieron extinguir; la de despertar
en todos los pueblos una vida de justicia y de verdad, conforme a la Ley,
uniendo a la humanidad en esta noble aspiración, que cambiaría el curso de la
comunidad.
No
es un gran misterio religioso porque ello entra en el terreno de la Teología,
sino acontecimientos ciertos que tuvieron lugar, es decir, la conjunción de los
momentos de la Historia Universal en que aparece una poderosa e incontenible
fuerza espiritual, el cristianismo, como vehículo de los grandes ideales de
todos los tiempos que habían predicado los Profetas de la Biblia.
En
el imperio grecorromano existía la esclavitud como sistema normal de vida. Sócrates
y Platón que legaron al mundo enseñanzas imperecederas admitían esa sociedad
como necesaria.
“Todo
lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo con ellos porque así
lo exige la Ley y Los Profetas...” San Mateo. Esto ponía en el corazón
del hombre una nueva escala de valores morales, de solidaridad, de respeto por
los valores humanos.
Tanto la Declaración de Filadelfia de 1776, que
proclamó la independencia de los EE.UU., como la Revolución Francesa de 1789,
afirmaron que todos los hombres son igualmente libres e independientes por
naturaleza y tienen derechos que les son inherentes y de los cuales no pueden
ser despojados por ley alguna. Expresan así el reconocimiento de aquellos
principios espirituales que nacen en el Antiguo Testamento y que los Evangelios
remarcan como principios inmutables.
La libertad religiosa era elevada a la categoría
de base de todas las demás libertades, era fundamental en el pensamiento de los
dirigentes revolucionarios de la República.
El civismo inspirado en la fuerza del espíritu.
Lo mismo ocurrió con la Constitución Argentina
de 1853 que organizó jurídicamente a nuestro país y sentó las bases de la
unidad nacional. Sus protagonistas no fueron guerreros de profesión ni
conquistadores, sino hombres libres imbuidos de profundos sentimientos
espirituales y de progreso constructivo.
Bajo este concepto de universalidad nació Rotary.
Es una creación del espíritu. Pero para que esto
haya sido posible fue necesaria la libertad. Este progreso mental, esta forma de
vivir en una sociedad civilizada, no se hubiera dado en otro clima.
Por estas mismas razones es que cada rotario tiene
su propio concepto de Rotary y lo visualiza desde una óptica distinta, que
difiere de un continente a otro, de un país a otro y muchas veces dentro de un
mismo club, ya que los socios están formados cultural y socialmente en forma
diferente.
En Rotary convergen individuos de distintas razas,
con vocaciones espirituales diversas y que aprecian en forma divergente los
modelos económicos y políticos de la sociedad. Pero esta dispersión es,
precisamente, lo que ha dado a Rotary una fuerza espiritual inmensa, y es
hermoso apreciar cómo en este pequeño mundo rotario pueden convivir hombres
tan diferentes.
Por lo mismo es muy difícil fijar un patrón
determinado de normas morales para todo el mundo rotario.
No obstante ello, si examinamos los diversos
aspectos que Rotary nos presenta, tenemos que concluir que existen valores
espirituales fundamentales que nuestra institución proclama y explicita para
los hombres y mujeres que han adherido a ella.
Desde esta perspectiva, todo lo que nosotros
somos, en el universo en el que vivimos, es una gota en el océano. Pero si cada
uno de nosotros no fuera eso que es, -como decía la Madre Teresa de Calcuta-, a
este océano le faltaría una gota.
El valor que tenemos por el solo hecho de ser
quienes somos, es el tipo de valor que tenemos que tener en cuenta.
Es decir, lo importante es reconocer que uno es
valioso por el hecho concreto de ser quien es dentro de nuestra organización.
Ser auténticamente quien soy.
Es la idea del concepto de la auto aceptación
situada dentro de las normas de: tolerancia, comprensión y buena voluntad,
amistad y servicio.
Estos enunciados, que implican elevadas normas de
ética, en las actividades profesionales y empresariales; el reconocimiento del
valor de toda ocupación útil y la dignificación de la propia en beneficio de
la sociedad, son algunos de los valores que en 97 años de existencia, hemos ido
conjugando y que nos mantiene unidos en la hermosa empresa rotaria de buscar
reconstruir el mundo a través de la reconstrucción moral y espiritual del
hombre.
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