Las Virtudes
Las Virtudes
Cardinales
Del
libro "La fe explicada" de Leo J. These
Publicado
en Mayo de 1994 Nº 27 de Prensa Rotaria
Las
cuatro virtudes morales principales son las que llamamos cardinales: Prudencia,
Justicia, Fortaleza y Templanza.
El
adjetivo “cardinal” se deriva del sustantivo latino “cardo”, que
significa “gozne” (bisagra), y se les llama así por ser virtudes
“gozne”, es decir que sobre ellas dependen las demás virtudes morales. Si
un hombre es realmente prudente, justo, fuerte y templado
espiritualmente, podemos afirmar que posee también las otras virtudes
morales. Podríamos decir que estas cuatro virtudes contiene la semilla
de las demás.
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Segunda Virtud Cardinal
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2ª Justicia
La
segunda virtud cardinal es la Justicia, que perfecciona nuestra voluntad
(como la prudencia nuestra inteligencia), y salvaguarda los derechos de nuestros
semejantes a la vida y la libertad, a la santidad del hogar, al buen nombre y el
honor, a sus posesiones materiales. Un obstáculo a la justicia, que nos viene fácilmente
a la mente, es el prejuicio, que niega al hombre sus derechos humanos, o
dificulta su ejercicio, por el color, raza, nacionalidad o religión. Otro obstáculo
puede ser la tacañería natural, un defecto producto quizá de una niñez de
privaciones. Es nuestro deber quitar estas barreras si queremos que la virtud de
la justicia actúe con plenitud en nuestro interior.
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Cuarta Virtud Cardinal
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4ª
Templanza
La cuarta
virtud cardinal e la Templanza, que nos dispone al dominio de nuestros
deseos, y, en especial, al uso correcto de las cosas que placen a nuestros
sentidos.
La
templanza es necesaria especialmente para moderar el uso de los alimentos y
bebidas, regular el placer sexual en el matrimonio. La virtud de la templanza no
quita la atracción por el alcohol; por eso, para algunos, la única templanza
verdadera será la abstinencia. La templanza no elimina los deseos, sino que los
regula. En ese caso, quitar obstáculos consistirá principalmente en evitar las
circunstancias que pudieran despertar deseos que, en conciencia, no pueden ser
satisfechos. |
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Las otras virtudes
Virtudes Humanas
Piedad
filial, patriotismo, obediencia, sinceridad, veracidad, liberalidad, paciencia,
humildad, castidad, amistad, sencillez, lealtad, orden, paciencia, generosidad,
responsabilidad y comprensión.
Además
de las cuatro virtudes cardinales, hay otras virtudes morales. Sólo
mencionaremos algunas, y cada cual, si somos sinceros con nosotros mismos,
descubrirá su obstáculo personal.
Está la piedad
filial (y por extensión también el patriotismo), que nos dispone a
honrar, amar y respetar a nuestros padres y nuestra patria. Está la obediencia,
que nos dispone a cumplir la voluntad de nuestros superiores. Están la veracidad,
liberalidad, paciencia, humildad, castidad y muchas más; pero, en
principio, si somos prudentes, justos, recios y templados aquellas virtudes nos
acompañaran necesariamente como los hijos pequeños acompañan a papá y mamá. |
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Las virtudes
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Las
virtudes
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Primera Virtud Cardinal
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1ª Prudencia
La
primera virtud cardinal es la Prudencia, que es la facultad de juzgar
rectamente. Una persona temperamentalmente impulsiva, propensa a acciones
precipitadas y sin premeditación y a juicios instantáneos, tendrá por delante
la tarea de quitar estas barreras para que la virtud de la prudencia pueda
actuar en él efectivamente. Resulta también evidente que, en cualquier
circunstancia, el conocimiento y la experiencia personales facilitan el
ejercicio de esta virtud. Un niño posee la virtud de la prudencia en germen;
por eso, en asuntos relativos al mundo de los adultos, no puede esperarse que
haga juicios prudentes, porque carece de conocimientos y experiencia.
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Tercera Virtud Cardinal
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3ª
Fortaleza
La Fortaleza,
tercera virtud cardinal, nos dispone para obrar el bien a pesar de las
dificultades. La perfección de la Fortaleza se muestra en los mártires, que
dejaron la vida por su fe. Pocos de nosotros tendremos que afrontar una decisión
que requiera tal grado de heroísmo. Pero la virtud de la Fortaleza no podrá
actuar, ni siquiera en las pequeñas exigencias que requieran valor, si no
quitamos las barreras que un conformismo exagerado, el deseo de no señalarse,
de ser “uno más”, han levantado. Estas barreras son el irracional temor a
la opinión pública, el miedo a ser criticados, menospreciados, o, peor aún,
ridiculizados.
, tercera
virtud cardinal, nos dispone para obrar el bien a pesar de las dificultades. La
perfección de la Fortaleza se muestra en los mártires, que dejaron la vida por
su fe. Pocos de nosotros tendremos que afrontar una decisión que requiera tal
grado de heroísmo. Pero la virtud de la Fortaleza no podrá actuar, ni siquiera
en las pequeñas exigencias que requieran valor, si no quitamos las barreras que
un conformismo exagerado, el deseo de no señalarse, de ser “uno más”, han
levantado. Estas barreras son el irracional temor a la opinión pública, el
miedo a ser criticados, menospreciados, o, peor aún, ridiculizados.
, tercera
virtud cardinal, nos dispone para obrar el bien a pesar de las dificultades. La
perfección de la Fortaleza se muestra en los mártires, que dejaron la vida por
su fe. Pocos de nosotros tendremos que afrontar una decisión que requiera tal
grado de heroísmo. Pero la virtud de la Fortaleza no podrá actuar, ni siquiera
en las pequeñas exigencias que requieran valor, si no quitamos las barreras que
un conformismo exagerado, el deseo de no señalarse, de ser “uno más”, han
levantado. Estas barreras son el irracional temor a la opinión pública, el
miedo a ser criticados, menospreciados, o, peor aún, ridiculizados. |
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