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Discurso brillante del Rabino Bergman
Shalom, salam, la paz para todos y cada uno de nosotros
Estamos aquí, ya no solamente juntos sino definitivamente unidos, y nuestro
reconocimiento y agradecimiento a los familiares de las víctimas de la
inseguridad por la generosidad de permitirnos a referentes espirituales y
religiosos poder transmitir y compartir un mensaje que pueda quitar el velo de
aquello que desgarra los corazones de los argentinos, y en un sólo grito como
clamor poder decir que no solamente estamos de duelo sino que también trabajamos
por el bienestar de La Nación.
Agradecemos a los organizadores y fundamentalmente a esa nueva
ecuación que supimos resolver hoy los argentinos, porque habiendo mucho más bien
que mal, ¿cómo podía ser que el mal trabajara tan bien y el bien trabajara tan
mal? Por eso, nuestra gratitud a la generación espontánea de autoconvocados, a
ese espíritu de no seguir a nadie sino de ir todos juntos hacia un mismo
destino, para que no nos prometan lo que no van a cumplir sino que nosotros
comprometamos lo que vamos a hacer para que las cosas puedan cambiar.
Porque estamos aquí convocados por esas redes sociales, y por eso
nuestro agradecimiento y nuestro renovado compromiso con los bloggeros, con el
facebook, con las comunicaciones espontáneas, y con aquello que no se puede
detener porque aquí hay una argentina ciudadana que vuelve a nacer. Porque es
posible articular una red de redes y trabajar ya no sólo por el propio bienestar
e interés, sino para consagrar y ofrendar por ese bien común, que hoy tiene un
nombre por el que vinimos a clamar, el bien común de la seguridad.
Vinimos a decir que en esta plaza histórica, casi doscientos años
después, aquí está el pueblo y sabe de qué se trata, sabemos de qué se trata en
la plaza de Mayo, que es de todos, porque es de La Nación y de todos los
argentinos sin distinción.
Se trata de que la inseguridad no es una sensación, la inseguridad
es un flagelo de nuestra comunidad, porque como sociedad vivimos en lo común, no
solamente del sentido común de saber que no podemos convivir en paz si hay una
situación donde se confunde el orden con la represión, la justicia con la
venganza, la posibilidad de salir a trabajar, a estudiar, a caminar y a
transitar sin tener miedo de que uno no pueda volver porque en una esquina te
pueden matar.
Por eso estamos aquí, porque tenemos muy claro, más allá de
nuestras emociones que sí respetamos en un familiar que todo lo perdió, que bajo
ningún punto de vista venimos a aceptar que reclamar seguridad es ser de derecha
o pedir mano dura, la seguridad es un derecho humano de la Constitución
Nacional, porque los derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha.
Estamos aquí para decir que no venimos a resolver el problema de la
seguridad porque no nos corresponde, aún teniendo maravillosas ideas, somos
ciudadanos. Por eso venimos a ponernos de pie y, sobre todo, con nuestros hijos
que traemos de la mano, venimos a pedirles por Dios y por la patria que los
juramentos se cumplan. Mientras estamos aquí sabiendo lo que el pueblo quiere y
de qué se trata, tenemos en otro lugar a nuestros representantes discutiendo lo
que no necesitamos.
Esta plaza de Mayo es central pero pertenece a una ciudadanía
argentina federal. En este mismo momento hay plazas de la República de nuestras
provincias movilizadas, con nuestros hermanos del campo, de quienes aprendimos
que hay que moverse, que hay que organizarse, que hay que defender, que no hay
que callarse porque no hay que tener miedo de hablar y de decir lo que nos pasa,
porque nuestra constitución no está solamente para gobernar sino para vivir en
La Nación, en paz.
Es por eso que aceptamos en esta tarde y en este desafío que cuando
hablamos de inseguridad, le estamos demandando al Gobierno que la seguridad sea
una política de Estado. Y para que sea una política de estado, la seguridad no
debe ser solamente preservar lo más sagrado que es la vida, porque les venimos a
decir que es mucho más sagrada la vida que la caja.
La vida, sagrada y consagrada, se preserva en los derechos humanos
que, cuando vivimos en democracia y en República, no se reivindican sino que se
cumplen, y los derechos humanos en la Argentina de todos nosotros hoy son la
vida, el pan, el trabajo, la educación, la salud, la seguridad y la posibilidad
de vivir en paz.
Es por eso que estamos juntos, aquí, y fundamentalmente pidiéndole
a nuestros jóvenes, porque nosotros somos de la generación que nos enseñaron “no
te metás”, se corría riesgo de vida, pero fijensé ustedes lo que nos pasa cuando
nos quitan la vida si no aprendemos ahora que no hay nada más peligroso que no
meterse, que no comprometerse, que no involucrarse, que no participar.
Cuánto tiempo más nos vamos a encerrar en la ilusión de que
alguien, solo, se puede salvar estando seguro para sí mismo sin ofrendar ni
trabajar por ese bienestar. Debemos aprender el espíritu de la Constitución
Nacional.
El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus
representantes, pero los representantes nos deben explicaciones porque la
seguridad se resuelve con decisión política.
No son soluciones fáciles, ni tenemos la receta, no se puede
reducir ni simplificar algo tan complejo como la seguridad porque no se puede
decir que es sólo por la exclusión social que nos duele en una Argentina rica,
llena de pobres, por lo tanto miserable, no en la pobreza, donde hay dignidad,
sino en la inequidad que hay cuando no hacemos nada al ver que nos roban lo de
todos, y cuando en nombre de la demagogia no se hace democracia.
Necesitamos, con claridad y con convicción, tener la certeza de que
ese bien común de vivir en paz, en la seguridad que nos debemos, es respetar las
instituciones y restituir la República. No hay otra forma de que tengamos
seguridad jurídica, previsibilidad, posibilidad de defender los derechos y
asumir las obligaciones sino volvemos a restaurar la República que no tenemos, y
lo debemos decir con toda claridad, tenemos gracias a Dios democracia, que vamos
a cuidar, porque es sagrada, pero no tenemos República, cuando todo el poder se
concentra en la hegemonía de un ejecutivo, cuando el poder legislativo no puede
legislar porque es una escribanía deliberativa, cuando los jueces que tienen que
juzgar no lo pueden hacer porque están condicionados por el Consejo de la
magistratura que es la policía política.
Pero también tenemos que sincerarnos entre nosotros porque hemos
abandonado la República, que aún no está perdida. No hablemos sólo de ellos,
hablemos también de nuestra hipocresía cívica, porque hasta que no nos tocan el
bolsillo o no tenemos una tragedia no nos movemos.
Hoy estamos aquí no solamente las familias con sus víctimas,
estamos todos como hermanos. Vinimos a plantear que en este lugar tenemos la
claridad de lo que significa una Argentina ciudadana que los invita a
participar. A los jóvenes, a los que ya nacieron en la democracia, que ahora
también les va a tocar ejercer el deber cívico de ir a votar. Cuando no se
respeta la ley, cuando se hace con la ley no lo que se debe sino lo que se
quiere, la resistencia cívica es la manera pacífica, armoniosa y cuidadosa por
la cual, así como los convocamos hoy a clamar por la inseguridad, llamamos a
todos los jóvenes a que en el mes de junio -y no en octubre, porque
lamentablemente nos están entregando ahora- los jóvenes deben hacer estallar de
votos las urnas, deben participar. Y nosotros tenemos que aprender a votar ya
que lo que tenemos no lo padecemos porque nosotros lo elegimos, y nos tenemos
que hacer cargo con responsabilidad institucional.
Tenemos que aprender que ahora se va a plebiscitar la República,
que no hay que oponer ni confrontar, sino resistir para transitar y trascender
la Argentina que viene. Porque sabemos que hay una Argentina que puede ser
República después de Néstor, que no depende de la política partidaria, ni de las
elecciones en las urnas, depende de vos, de que participes, que dejes de dormir
la siesta y hacer la plancha como habitante, y seas un ciudadano de este
gobierno. Tenemos que defender en las plazas y en la calle que el espacio
público nos pertenece, para que no lo ocupen los mercenarios, o los que
intimidan porque les pagan, de lo contrario no vamos a tener la transparencia de
los valores republicanos que no sólo demandamos sino también desplegamos en
unidad.
Es por eso que les pedimos por los que ya no están, que podamos
reponer el capital social y espiritual. La política no se trata de la discusión
entre los candidatos, sino de que cada uno de nosotros se vote a sí mismo como
ciudadano, que no lo ejerza cada dos años en el lugar más iluminado de la
República que es el cuarto oscuro, sino todos los días con cogestión, con
responsabilidad, y con participación, para hacer sagrado el voto de cada uno
como ciudadanos.
El voto con v que no se bota con b, requiere más que nunca ser
auditado, y así como vinimos todos hoy, los invitamos a llenar las mesas, a ser
fiscales, para que no nos roben los votos, para que no nos sometan a la
democracia de la esclavitud electoral, para que no nos corran con la
prepotencia, para que no nos gobiernen más con la caja.
Por eso sabemos y confiamos en los más humildes y en los más
postergados, con los que nos comprometemos, abran sus manos y reciban todo lo
que les dan pero cuiden su alma, y no entreguen ningún voto ni la dignidad.
Porque hoy estamos más convencidos que nunca que si no sólo nos conmovimos por
la inseguridad, sino que nos movimos todos como uno a este lugar, que es un
santuario de la civilidad de hacernos ciudadanos en paz, también sabemos que no
se puede confundir el legado de Perón con la locura de Nerón.
Por eso estamos reunidos y unidos, no en contra de lo que hemos
elegido, sino a favor de lo que va a venir si sabemos trabajar sin oponer ni
confrontar, sino trayendo la ofrenda del corazón como ciudadanos que somos en
unidad.
Por eso invocamos a cada uno de ustedes en no mirar para otro lugar
que no sea la propia interioridad de la conversión del corazón del ciudadano,
que ya no pide a La Nación lo que te da y lo que te querés llevar, sino que le
ofrenda el servicio a la Patria para La Nación que nos debemos. Somos todos
herederos.
Les pedimos a nuestros jóvenes, aprendan de nuestros errores, de
nuestra frustración y de nuestras omisiones, no para imitarnos sino para
superarnos, ustedes son el legado de nuestros abuelos inmigrantes, ustedes
nuestros hijos tomen la posta, tomen el compromiso, no se droguen, no se
guarden, no se aíslen, tómense de la mano como estamos, todos juntos, hoy. Amen
a la Patria que es lo que requiere la Argentina como bendita tierra de
promisión.
También nos solidarizamos con nuestros hermanos del campo que
trabajan la tierra para el bien de La Nación, para poder juntos sembrar la
esperanza del árbol de vida, de aquello que nosotros no vamos a cosechar ni nos
vamos a llevar, pero es la trascendencia en el amor de lo que sabremos delegar
en la posteridad.
Por eso estamos aquí, porque amamos a nuestra Patria, y no
solamente a los seres queridos que hemos perdido. Por eso estamos aquí, porque
cuando hablamos de la inseguridad no lo hacemos con resentimiento ni con
venganza, sino con dolor del corazón partido, que no se repara pero con la
esperanza en el amor de que la Argentina es nuestra tierra prometida, para
nosotros, para nuestros hijos, para todos los hombres y mujeres de buena
voluntad que quieren poblar el suelo argentino y hacer de nuestra vida sagrada,
los valores eternos de la Constitución Nacional.
Por Dios que está en el cielo y con nosotros hoy, aquí en la
tierra, amémonos los argentinos, abracémonos como familia que somos en la común
unidad de sentido, para volver a reconocer, como lo hacemos aquí en nuestra
diferente fe, que Dios es padre y es uno, y todos nosotros sus hijos.
Por lo tanto como hermanos, sentémonos definitivamente a la mesa,
donde podamos en la bendición de Argentina partir el pan, y elevar la copa de
vino para poder decir, ¡salud Argentina, vinimos aquí para proclamar el grito
sagrado, LIBERTAD,
LIBERTAD, LIBERTAD! |