Primera Categoría
Primera Distinción
TITULO:
Acá en mi país
SEUDÓNIMO:
SOMBRA GRIS
APELLIDO
Y NOMBRE: Kaplan Rocío
ESTABLECIMIENTO:
Instituto Privado Tomás Devoto
ACÁ
EN MI PAÍS.
Acá se
acorralan mil voces. Se atan mil manos. Se encierran mil sueños. Se
callan mil sentimientos.
El llanto
de los niños nace y sigue, ojalá cambiara, ojalá las manos pudieran volar,
alcanzar
todo, acá en mi país.
Es acá
donde muchos vinieron en busca de paz, donde yo sonreí y sonrío, donde di mis
primeros pasos, donde conocí la libertad, donde aprendí a pensar, donde me
formé, donde vivo, y pienso seguir viviendo.
Acá soy
una, y es gracias a este país.
Orgullosa
me gustaría seguir en mi tierra, pudiendo dejar mis manos libres, alcanzando
mis sueños, acá en mi país, pensar en un futuro, acá con mi gente.
Todos
juntos podemos cambiar la vista del pueblo, podemos reemplazar esos ojos tristes
por felicidad, el sufrimiento es grande, pero juntos podemos superarlo.
Superamos tantas cosas, nosotros, los argentinos. Este país tropezó mil veces,
y ahora vuelve a caer,
Y me
duele, me duele pensar que sin nuestra unión y apoyo tal vez no se vuelva
a levantar.
Y pensar
que hay gente que ya no quiere a la bandera, mi bandera, tu bandera, nuestra
bandera, que, a pesar de todo, sigue firme, flameante en cada escuela, luchando
por la esperanza de un cambio, intentando conseguir respeto, interés, emoción
de parte de todos nosotros, ella sigue ahí, y como muchas otras veces resistió,
y sigue resistiendo.
¿Es que
eso no vale nada?, ¿No tiene importancia que cada mañana se alcen mil banderas
que llevan tu nombre y el mío?, ¿Que el cielo se dibuje con el símbolo que
nos hace uno?
Nosotros
debemos darle la fuerza a nuestra patria para levantarse y para que pueda ver un
nuevo amanecer, sin nosotros no se puede levantar y flamear como lo hizo tantos
años, y sin ella, nosotros no tenemos nombre.
Este país
es tuyo y mío y es tu responsabilidad amarlo, respetarlo, acompañarlo y
seguirlo, porque el te dio mucho. Fue tu país el que luchó por tu futuro, y,
ahora en estos tiempos difíciles, luchá vos por él, con la frente bien alta,
porque no nos puede dar vergüenza ser argentinos, hay que salir a luchar todos
juntos unidos, cada mañana, para poder poner a nuestra Argentina donde tiene
que estar, bien arriba en una gloria de esperanza, una gloria que le tenemos que
dar todos nosotros.
“Si
todos nos unimos podemos conseguir el cambio”, todos dicen eso, y lo repiten,
pero falta tanto patriotismo en esta juventud, que lamentablemente me incluye,
que la unión por el país puede ser casi imposible, me duele pensar que ya
nadie está dispuesto a defender su tierra, a unirse y gritar “viva la
patria”. Pero esto pasa porque sentimos que nuestro país nos falló de mil
manearas, que acá no pudimos hacer lo que queríamos, que no podemos mirar
hacia adelante y encontrar un lugar en el futuro que viene avanzando, sentimos
que nos dio la espalda, pero acaso ¿nosotros no le dimos la espalda también?.
Yo creo
que nuestra patria es algo que tenemos que construir todos juntos, la patria
tiene que crecer en nuestro corazón, no es algo que existe y está ahí, es
algo que tiene que vivir dentro nuestro, el amor por estos suelos tiene que ser
algo nato, no se trata de imponer el amor a este país sino de demostrar porqué
tenemos que amarlo. Mi patria no se trata del gobierno, la patria es el pueblo
unido que sabe lo que quiere más allá de todos los intereses, porque hay
muchos que, todavía, quieren ver el despertar de la Argentina.
La
corrupción es algo que todavía no tocó a nuestra bandera y es nuestro deber
defenderla de ello.
Yo quiero
crecer, estudiar, aprender, formar una familia en este suelo, tal como lo hizo
mi familia, lograr el cambio y darle a mis hijos un futuro seguro, un futuro
asegurado en estas tierras, porque ellos, antes de cualquier otra cosa, son
herederos de mis actos, como yo heredé los de mis padres, como alguna vez
alguien heredó la libertad. Yo quiero ver a mi bandera flamear con orgullo, y
cada vez que la vea en los cielos bailar, llenarme de emoción, la quiero ver
amanecer y dejar atrás otra batalla, sentirme Argentina cada vez que suena el
himno y sentirme orgullosa de ser argentina, orgullosa de mi país.
Primera Mención
TITULO:
EL CAMBIO UN PROBLEMA DE TODOS
SEUDÓNIMO:
VALON
APELLIDO
Y NOMBRE: Orioli Valeria
ESTABLECIMIENTO:
Escuela Argentina Gral. Belgrano
EL
CAMBIO UN PROBLEMA DE TODOS
Desde
hace muchos años se sabe que nuestro país está en crisis. Las preguntas que
todos nos hacemos son: ¿Por qué nos encontramos en esta situación? ¿Quién
es el culpable de todo lo que nos pasa? ¿Cómo se podrá revertir esta
realidad? Ante todas estas preguntas existen miles de respuestas. Yo creo que
los culpables de lo que pasa, somos todos, todo el pueblo argentino tiene,
aunque sea mínima, culpa. La única solución para este problema es paulatina y
trabajando día a día. No podemos esperar que ocurra un milagro y que nos
salvemos todos. No, desde nuestro lugar, debemos ayudar.
Por ejemplo, si una persona se pasa la vida sin trabajar, no por no tener las
condiciones que se necesitan sino por no poner el mínimo esfuerzo para
conseguir el trabajo, ¿de qué sirve echarle la culpa a los gobernantes si ni
ella misma trata de revertir la situación? ¡Qué postura fácil y cómoda! Por
supuesto que los gobernantes también tienen parte de culpa de lo que sucede,
pero no por eso debemos lavarnos las manos sino que tenemos que luchar por un
futuro mejor.
En mi opinión, para salir de esta situación, todos debemos trabajar en equipo
porque “la unión hace la fuerza”.
Para finalizar quiero recalcar este último aspecto; si todos seguimos siendo
tan individualistas y pensando en cada uno de nosotros, nunca vamos a salir de
esta crisis. Pero si pensamos en conjunto, dejando de lado nuestra persona, y
somos más solidarios con quienes más nos necesitan, quizá algún día podamos
revertir la situación.
Segunda Mención
TITULO:
NUESTRO PAPEL FRENTE A LA REALIDAD
SEUDÓNIMO:
JUANA MARIA
APELLIDO
Y NOMBRE: Cucinotta María Laura
ESTABLECIMIENTO:
Instituto Damasa Zelaya de Saavedra
NUESTRO
PAPEL FRENTE A LA REALIDAD
Hoy en día,
cuando parece que el corralito, los saqueos, los cacerolazos y el riesgo país
en constante aumento han quedado atrás, nos enfrentamos a quizá unas de las
etapas más duras que nuestro país debe afrontar, una etapa de reconstrucción.
La
Argentina no solamente no entró a ese Primer Mundo tan frívolamente proclamado
durante la década pasada, sino que involucionó inciertamente, hasta ver
asomar, sin rodeos los fantasmas del pasado.
¿Qué
bisabuelo se hubiera embarcado hacia nuestro país si hubiese sabido lo que su
descendencia tiene que sufrir hoy en día? Podemos afirmar que actualmente se
está produciendo el proceso inverso al de principios del siglo XX: antes los
italiano, españoles, polacos, venían a nuestro país en busca de un
lugar donde trabajar y asentarse, huyendo de una Europa devastada por la guerra.
En los últimos días, muchos de los descendientes de aquellos inmigrantes soñadores
reviven el papel de sus antepasados y deciden ir en busca de un futuro mejor a
la cautivante Europa o al avasallante país de norte.
Entonces
se plantea un interrogante de muy difícil solución: ¿qué debemos hacer para
que Argentina vuelva a caminar y sea el país que todos los habitantes deseamos?
Las respuestas son muchas, acaso demasiadas, pero sin duda todas tienen la misma
ilusión encerrada en ellas: un país mejor.
Desde mi
perspectiva creo que necesitamos una cambio radical, no sólo en la clase
dirigente sino también en nosotros, el pueblo. Necesitamos tener criterio al
elegir, responsabilidad a la hora de actuar, nacionalismo cuando tenemos que
optar. Nosotros somos la base de ese cambio.
Es
imprescindible que la guerra política se termine; que el radicalismo y el
peronismo, la izquierda y la derecha, los conservadores y los liberales se unan.
Con un país dividido es imposible adoptar un camino, tomar una decisión o
satisfacer siquiera a una porción mínima de población. Con un país dividido
no se llega a ningún lado, y esto hoy lo estamos comprobando.
Según el
preámbulo de la Constitución Nacional sancionada en el año 1853, cuando el
estado argentino se consolida, y reformada por última vez en el año 1994,
durante el primer gobierno menemista, el objetivo del mismo es: “constituir la
unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la
defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la
libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del
mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Ahora pensemos, ¿esto se da
en el hoy de nuestro país? ¿Es común ver que lo que se propone en el comienzo
de la ley madre de nuestro estado se cumple? ¿Los argentinos, sabemos qué es
lo que la Constitución dice?
Vivimos
largos años de impunidad, de despilfarro, de imágenes falsas, pero mientras
muchos se deleitaban con el espejismo que nos habían puesto ante nuestros ojos,
se gestaba la Argentina actual donde la desnutrición, la pobreza, la
indigencia, la inseguridad, las protestas, las maniobras políticas poco claras,
son moneda corriente. Debemos tener en cuenta que lo que hoy padecemos no se dio
de un día para el otro. Apilamos nuestros problemas tratando de olvidarlos,
pero un día la pila se hizo tan grande que se nos cayó encima; y lo peor de
todo es que muchos se sorprendieron.
Entonces,
¿vale la pena lamentarse por los tiempos perdidos? Claro que no. Es hora de que
actuemos. Tenemos la fuerza más importante de todas: la de un pueblo, fuerza
que nada ni nadie puede vencer. Pero para que esto suceda es necesario que los
ricos y los pobres, los universitarios y los analfabetos, los trabajadores y los
desempleados se unan.
¿Quién
mejor que el pueblo para saber lo que el pueblo necesita? Acaso el doctor no
medica a su paciente cuando éste le dice qué es lo que lo aqueja. En nuestra
situación nosotros somos el paciente que debe decirle a nuestro doctor qué es
lo que nos duele, lo que nos molesta, lo que nos hace padecer.
La
asociación de más de treinta millones de argentinos es muy difícil, pero no
es pretexto para bajar los brazos. La unidad no radica en poder hablar cara a
cara con cada uno de los habitantes y todos juntos tomar una decisión, porque
esto sería imposible. La unidad radica en tomar conciencia y comenzar a
actuar como pueblo que quiere un cambio.
Podemos
empezar con cosas sencillas como pedir factura cada vez que compramos algo, por
más barato e ínfimo que nos parezca. Cuidar el medio ambiente es otro punto
importante: la cantidad de basura que hay en las calles de las grandes ciudades
es impresionante y da un aspecto muy desagradable, además de perjudicar la
salud de los habitantes. Pagar los impuestos en tiempo y forma es otra de las
cosas que tenemos que hacer y si nos parecen muy caros, debemos buscar el
momento y el lugar indicado para reclamar. Optar por lo nacional es algo que
tenemos que aprender y transmitir. Los argentinos buscamos comodidad y
precio sin darnos cuenta de que podemos llegar a perjudicar a otros compatriotas
que trabajan día a día en busca del tan ansiado crecimiento.
Con la
crisis, además de la inestabilidad económica, la pobreza y la desnutrición,
volvieron estar latentes enfermedades que ya se creían erradicadas como el
tifus, la fiebre amarilla, el dengue, la tuberculosis, la leptospirosis, la
triquinosis y el hantavirus, entre otras. Estas enfermedades tienen su origen en
el asinamiento, la alimentación insuficiente, la proliferación de roedores y
basurales que sirven de hogares a muchas familias. Desde el gobierno deben
tomarse la medidas necesarias para evitar que los más pobres y los indigentes
vivan en constante peligro de contraer alguna de estas afecciones que, en muchos
casos, pueden llegar a ser mortales. Además la limpieza de la cuidad tiene que
ser permanente y eficiente, para prevenir el desarrollo de animales e insectos
que trasmiten enfermedades.
En lo que
al sector trabajo respecta, es hora de que el gobierno deje de beneficiar a los
grandes empresarios y pueda comenzar a tomar medidas que favorezcan a los
trabajadores. La inestabilidad laboral, que da el libre juego del mercado, hace
que el panorama laboral sea totalmente oscuro para los trabajadores argentinos.
Es hora de que se tomen cartas en el asunto y que el desempleo deje de ser un
problema nacional; para esto el gobierno debe dejar atrás su abstencionismo y
respaldar a la clase trabajadora.
El otro
pilar importante de nuestra sociedad que debemos rever es la educación.
Actualmente, en los colegios tanto privados como estatales, la enseñanza ha ido
en detrimento, dejando atrás el importante ejercicio de la lecto-escritura o el
razonamiento lógico. Para que la educación crezca es necesario un presupuesto
adecuado, una buena formación docente, un sistema educativo óptimo y
especializaciones conformes a las actuales necesidades.
Todos
estamos de acuerdo con que la actual situación general es crítica. La
desigualdad crece día a día y aunque los reclamos fueron muchos, el pueblo
argentino sigue esperando una respuesta. ¿Qué medidas se deben tomar? ¿Cuántas
injusticias más puede soportar una nación?
Mientras
sigo escribiendo me planteo si mi familia, mis amigos y hasta yo misma, deseamos
seguir viviendo en el país de los piqueteros, de los secuestros, de la
inseguridad, de la injusticia, de la corrupción en su máxima expresión, de
las instituciones sordas, de las embajadas pobladas de sueños, de los comedores
llenos de niños con hambre, de los hospitales desabastecidos, de las
autoridades autistas, de los argentinos llenos de tristeza y desesperanza. Creo
que la respuesta a mi planteo es obvia y quizá repetida en todo aquel que se
cuestione lo mismo que me cuestiono yo: no queremos seguir viviendo en un país
en estas condiciones...queremos un país distinto, un país mejor, un país
digno.
Es
imprescindible que comencemos a obrar por el porvenir de los próximos
ciudadanos y que enseñemos a los más chicos a defenderse por sí solos y no
dejarse comprar por las sobras de los más poderosos. Tenemos que exigir
justicia y respuestas claras para las familias de las víctimas de la
inseguridad nacional. Debemos luchar por la igualdad social y comprometernos al
máximo con nuestro país, con su presente y con su futuro.
Depositamos
todas nuestras esperanzas en una imagen que deseamos que no nos defraude. Los
argentinos nos dejamos llevar por el carisma, por la presencia y el tono de voz
al leer un discurso. Debemos aprender a evaluar la inteligencia, las propuestas,
las intenciones. Tenemos que tener en claro que sólo se saldrá adelante con
ideas, con capacidad para actuar, con voluntad y empeño.
A modo de
conclusión deseo hacer una propuesta: involucrémonos con nuestra realidad como
país. Produzcamos un futuro mejor y proveamos a nuestro nación de almas
trabajadoras y luchadoras. Busquemos respuestas a las tantas preguntas que se
plantean día a día. No nos dejemos influenciar por el amarillismo, el
oficialismo o los planteos sin sentido de quienes manejan los hilos de la política.
Imitemos a ejemplos que valgan la pena. Revivamos la pasión de los grandes de
la historia. Animémonos a romper los vínculos que nos unen a aquellos que
controlan el mundo entero y así recuperar los derechos que trae aparejados la
soberanía y poder, de este modo investirnos del alto carácter de nación libre
e independiente.
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